A las cuatro de la mañana ya estaba trabajando. Mientras la mayoría de los futbolistas descansaba después del entrenamiento, Francisco “Manija” Mústico fileteaba pescado en el Puerto de Mar del Plata. Así vivían los jugadores del interior en los años 70: durante la semana trabajaban para ganarse la vida y los fines de semana se medían con los gigantes del fútbol argentino. A él le tocó escribir una de esas historias imposibles. El 11 de noviembre de 1975 entró a la Bombonera, le hizo un gol a Boca y protagonizó la victoria más importante de la historia de Aldosivi.
El fútbol, como tantas otras cosas, es cada vez más efímero. Los goles pasan de largo como un TikTok más y las grandes gestas parecen quedar guardadas únicamente en la memoria de quienes peinan canas. Sin embargo, en el Puerto de Mar del Plata todavía sobrevive la leyenda de un jugador que desafió las probabilidades cuando el fútbol todavía se veía en blanco y negro. Un hombre que terminó convirtiéndose en la manija de Aldosivi y en el símbolo de la primera época dorada del Tiburón.
Para entender la idiosincrasia del Puerto no alcanza con visitar la reserva de lobos marinos ni respirar el salitre de la banquina. Hay que detenerse a escuchar las historias que todavía circulan por la calle 12 de Octubre o la avenida Edison, donde las hazañas no se miden en millones de dólares ni en estadísticas, sino en recuerdos transmitidos de generación en generación. Allí, entre pescadores, lanchas y camisetas verdes y amarillas, el nombre de Mústico sigue despertando el mismo respeto que hace cincuenta años.
Nacido el 25 de mayo de 1951, a apenas cinco cuadras de la sede del club, su destino parecía escrito desde la cuna. Sin embargo, su historia con la pelota comenzó a los diez años en el baby fútbol del Club Mitre, porque Aldosivi todavía no tenía divisiones infantiles. Recién a los 14 pudo incorporarse a las inferiores del Tiburón, donde empezó a construir una carrera que jamás imaginó que terminaría llevándolo a la Bombonera.
Manija Mústico (izquierda), Tatore Vuoso (centro), Oscar Delarroca (derecha) y Daniel Roumec (abajo) en un encuentro de veteranos. Foto: Club Atlético Aldosivi.Su debut en la Primera División de la Liga Marplatense rozó lo cinematográfico. Corría 1968, tenía apenas 17 años y la ausencia del número diez titular le abrió la puerta para debutar en la vieja cancha de Alvarado. Aquella tarde convirtió el gol del triunfo y, además, compartió equipo por única vez con Salvador “Tatore” Vuoso, el gran ídolo del club. “Tatore era mi ídolo desde que yo tenía siete años, cuando mi abuelo me llevó a ver la famosa final del 59 en el viejo estadio San Martín. Ganamos 4 a 3 a Talleres del Puerto, que era el clásico de aquel entonces”, recuerda.
“Fue el único partido que compartí con él. Coincidió que fue el último de Tatore y el primero mío”, agrega Manija con una naturalidad que no alcanza a dimensionar el valor simbólico de aquella coincidencia.
En la vida de Quique -como todavía lo llaman los más cercanos- el sentido de pertenencia convivía con otra pasión. “En esa época la mayoría de la gente de Mar del Plata era hincha de algún equipo grande porque todavía no existían los Torneos Nacionales. En mi familia éramos todos de Aldosivi y de Boca”.
Ese detalle, que parecía apenas una anécdota, terminaría siendo decisivo unos años más tarde.
La época dorada
“¿Cómo jugaba yo? Era muy gambeteador. Llevaba la pelota cortita y tenía velocidad, pero solo con la pelota. Cuando la tenía, le imprimía mucho ritmo. La verdad es que en esa época era un poco morfón, pero con los años empecé a tirarme un poquito atrás, a buscar paredes y asociarme más”, cuenta Mústico con una sonrisa antes de detenerse en la característica que mejor definía su juego. “Siempre fui muy certero: cuando tenía una oportunidad, le pegaba de cualquier lado”.
Esa eficacia terminó convirtiéndolo en el principal referente ofensivo de la primera gran época de Aldosivi.
Si bien en los primeros Torneos Nacionales los grandes representantes de Mar del Plata fueron San Lorenzo y Kimberley, el fútbol de la ciudad estaba a punto de cambiar para siempre. “Para 1973, Aldosivi se armó muy bien con Alfredo Cortés como entrenador, que ya había salido campeón con San Lorenzo. Ese año fuimos campeones coincidiendo con los 60 años del club y tuve la suerte de ser el goleador”, recuerda.
Lo que Quique omite, acaso por modestia, es que ese título fue apenas el comienzo. Aldosivi volvió a consagrarse en 1974 y 1975 para completar un tricampeonato que todavía hoy ocupa un lugar privilegiado en la memoria del fútbol marplatense.
Los nombres del equipo fueron cambiando con el paso de las temporadas, pero hubo uno que siempre permaneció. Francisco Mústico fue goleador en los tres campeonatos y se convirtió en la gran bandera futbolística de un equipo que marcó una época. Incluso en 1975, cuando compartió el ataque con el histórico Norberto Llamarada Eresuma, siguió siendo el hombre con mayor influencia cerca del arco rival.
“Físicamente estábamos muy bien, volábamos. Los defensores no nos podían aguantar y muchos partidos los ganábamos en los últimos quince minutos”, explica Manija para resumir por qué aquel Aldosivi consiguió sacar una diferencia tan marcada sobre el resto. El plantel mezclaba experiencia, buen juego y una preparación física poco habitual para un equipo del interior en aquellos años.
Sin embargo, todos esos logros habrían quedado reducidos al recuerdo de los viejos campeonatos marplatenses si no hubiera existido una tarde que cambió para siempre la historia del club. El 11 de noviembre de 1975, Boca recibió a Aldosivi en la Bombonera por el Torneo Nacional. El equipo de la Ribera llegaba con la tranquilidad de que ningún conjunto de Mar del Plata había logrado derrotarlo jamás, ni siquiera en un amistoso.
Del otro lado estaba Mústico, que además cargaba con una contradicción muy particular. “Personalmente era hincha de Aldosivi, pero también de Boca. Era la primera vez que pisaba la Bombonera y tenía muchísimos nervios”, recuerda.
Manija Mústico junto a Vicente Pernía y la terna arbitral que comandaba Angel Coerezza. Foto original: Diario El Atlántico de Mar del PlataLo que ocurrió aquella tarde ya forma parte de la historia grande del Tiburón. “Jugamos un gran partido y tuve la suerte de hacer el segundo gol para el 2 a 1, a los 43 minutos del segundo tiempo. Fue una alegría enorme. Aunque siempre digo que ojalá ese gol se lo hubiera hecho a River”, bromea entre risas.
Aldosivi se convirtió en el primer equipo marplatense en derrotar a Boca y Mústico quedó inmortalizado como el autor del gol más importante de la historia del club. Aunque ese tanto eclipsó el resto de su carrera, él todavía rescata otros recuerdos. “La gente se queda con el gol a Boca, pero yo también me acuerdo mucho del partido contra Racing. Nos habían suspendido la cancha y tuvimos que hacer de local en Tandil. Les ganamos 3 a 1 y yo hice dos goles. Pero sí, el de Boca fue el más emotivo y el que más recuerda la gente”.
Más allá de aquellas hazañas, la vida del futbolista del interior distaba mucho de la de un profesional de la actualidad. Ser campeón de Mar del Plata otorgaba un lugar en el siguiente Torneo Nacional y eso obligaba al plantel a sostener una doble competencia. Los fines de semana enfrentaban a los mejores equipos del país y, entre semana, debían seguir peleando el campeonato local para volver a ganarse el derecho de medirse con los gigantes.
El plantel de Aldosivi en aquel partido en la Bombonera el 11 de noviembre de 1975.Foto original: Diario El Atlántico de Mar del Plata“El clásico de verdad era Talleres”
La rivalidad con Alvarado domina hoy el fútbol marplatense, pero para Mústico la historia es distinta. El clásico que marcó su carrera tuvo otro protagonista. “El verdadero clásico era contra Talleres del Puerto. Ellos representaban a la colectividad española y nosotros a la italiana. Eran partidos muy especiales”, recuerda.
No se trataba solamente de un partido de fútbol. Era una disputa que atravesaba al barrio y encontraba uno de sus momentos más representativos durante la Fiesta de los Pescadores. “Era muy lindo. Salían las lanchas con las banderas de Aldosivi y otras con las de Talleres. Todo el Puerto vivía ese clásico.”
Con el paso de los años, sin embargo, el mapa futbolístico de Mar del Plata cambió y también lo hicieron sus rivalidades. “Después de que yo dejé de jugar empezaron los Regionales. Hubo un partido con Deportivo Norte y, como ellos no llevaban mucha gente, invitaron a la hinchada de Alvarado para alentarlos. Ahí hubo algunos problemas y desde ese momento nació esa rivalidad”, explica.
A partir de entonces, Aldosivi y Alvarado comenzaron a cruzarse con mayor frecuencia y el enfrentamiento fue creciendo hasta convertirse en el gran clásico de la ciudad. “Hoy la gente lo vive así y está bien. Pero para nosotros el clásico siempre fue Talleres.”
El fútbol era una pasión, no un trabajo
Mientras el fútbol argentino comenzaba lentamente a profesionalizarse, la realidad de los jugadores del interior seguía siendo muy distinta. Mústico jamás vivió exclusivamente de la pelota. “Yo trabajaba con el pescado. Fileteaba y después tuve una pescadería.”
La rutina era agotadora. Las madrugadas empezaban mucho antes de que saliera el sol y el entrenamiento llegaba cuando el cuerpo ya acumulaba varias horas de trabajo. “A las cuatro de la mañana ya estaba trabajando. Después iba a entrenar y se hacía cada vez más difícil sostener el ritmo.”
Aquella doble vida terminó marcando el final de su carrera. “Dejé de jugar a los 34 años porque ya no podía entrenarme como antes. El trabajo con el pescado era muy sacrificado.”
Sin embargo, nunca dejó de sentirse futbolista. Es el hombre que nunca dejó Aldosivi
Recorte de un artículo publicado originalmente en el diario El Atlántico de Mar del Plata.Aunque colgó los botines en 1985, Mústico jamás se alejó del club de su vida. “Desde que dejé de jugar seguí a Aldosivi por todos lados. Estuve en Córdoba cuando ascendimos a la B Nacional en 2005, en el ascenso a Primera de 2014, en el regreso de 2018 y también el año pasado en Rosario, cuando Elías Torres hizo aquel golazo”. Lo dice con el mismo entusiasmo con el que recuerda un gol suyo, como si todas esas alegrías formaran parte de una misma historia.
Hoy tiene 75 años y sigue caminando por las calles del Puerto. Muchos de los que lo saludan nunca lo vieron jugar. Conocen su historia porque alguien se las contó. La del chico que nació a cinco cuadras del club de sus amores. La del hombre que durante la semana fileteaba pescado para ganarse la vida. La del delantero que un día entró a la Bombonera, le hizo un gol a Boca y ayudó a que todo el país conociera el nombre de Aldosivi.
Porque los goles pasan, los campeonatos terminan y las tribunas cambian. Pero en el Puerto de Mar del Plata todavía hay historias que sobreviven al tiempo. Y pocas tienen la fuerza de la que protagonizó Francisco “Manija” Mústico, el pescador que terminó convirtiéndose en la primera gran leyenda del Tiburón.
Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.





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