
Hay una pregunta que parece sencilla, pero que toca el núcleo de todas las relaciones humanas: ¿es posible conocer completamente a otra persona? La mayoría respondería que sí ya que se convive durante años con una pareja, se crían hijos, se comparten amistades de toda una vida.
Sin embargo, la psicología sugiere exactamente lo contrario: conocer al otro es un proceso que nunca concluye.
Una razón es que las personas son organismos en permanente transformación. Una enfermedad, una pérdida, un enamoramiento, un fracaso laboral, el nacimiento de un hijo o simplemente la edad pueden modificar la manera habitual de sentir, pensar y actuar.
Además, cada persona posee una vida interior que nunca es completamente transparente, dado que hay pensamientos que no se expresan, recuerdos que permanecen ocultos, emociones difíciles de reconocer y deseos contradictorios que conviven entre sí.
El psicoanálisis aportó una idea novedosa al afirmar que una parte de la vida mental es inconsciente.
No significa solo que existan secretos deliberadamente ocultos, sino que muchas de las decisiones están influidas por conflictos, fantasías y experiencias que escapan a la conciencia del propio sujeto.
La neurociencia, desde una perspectiva diferente, también mostró que el cerebro procesa enorme cantidad de información antes de que llegue a la percepción consciente.
Es decir, ambos enfoques coinciden en un punto esencial y que es que siempre existe una zona íntima de uno mismo que permanece parcialmente desconocida.
Se agrega además que tampoco se observa al otro tal como es sino que se hace a través de las lentes de quien mira. Las expectativas, las experiencias previas, las heridas emocionales y los deseos influyen sobre la imagen que se construye del otro.
En otras palabras, nunca se lo conoce tal cual es, sino que se conoce la representación que se hace de él.
Muchas discusiones de pareja nacen cuando uno dice: “Vos ya no sos el mismo”.
Y a veces es cierto, pero otras veces lo que cambió fue la mirada de quien observa y descubre aspectos que siempre estuvieron allí, pero que no se quisieron ver. En otras, la vida realmente transforma a las personas.
El psiquiatra H. S. Sullivan afirmaba que la personalidad solo se puede entender dentro de las relaciones interpersonales, es decir que nadie es exactamente igual con todos.
Una persona puede mostrarse segura en su trabajo, tímida en una reunión social, afectuosa con sus hijos y distante con sus padres. ¿Cuál de todas esas versiones es la verdadera? Probablemente todas.
La personalidad es una sucesión de modos de ser que emergen según el contexto. Aceptar que nunca conoceremos completamente al otro puede parecer inquietante, pero también resulta liberador ya que obliga a abandonar las etiquetas.
Cuando se cree que alguien “es así”, se deja de escucharlo dado que no se espera nada nuevo. En cambio, cuando se acepta que siempre queda algo por descubrir, la curiosidad reemplaza a la certeza.
Las mejores relaciones no son aquellas donde está todo dicho, sino aquellas en las que aún existen preguntas.
Una forma madura del amor y de la amistad es aceptar que el otro nunca terminará de revelarse por completo y que en esa parte desconocida reside buena parte de su riqueza como ser humano.
Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.





Comentarios