Las redes sociales han convertido el bienestar, la apariencia física y el rendimiento en objetivos que muchas personas buscan llevar al máximo. De esta tendencia nace el término “maxxing”, una palabra derivada de maximize que se utiliza en internet para describir la intención de optimizar algún aspecto de la vida. Entre sus variantes aparece el “healthmaxxing”, enfocado específicamente en mejorar la salud y el bienestar.

Aunque la idea de cuidar el cuerpo no es nueva, el fenómeno ha ganado fuerza porque las plataformas digitales permiten compartir rutinas de ejercicio, alimentación, descanso y recuperación que rápidamente se vuelven virales. El problema surge cuando la búsqueda de una vida saludable se transforma en una competencia por alcanzar la perfección y lleva a prácticas extremas o recomendaciones sin suficiente respaldo científico.

El maxxing puede presentarse de diferentes maneras. El looksmaxxing busca mejorar la apariencia física; el gymmaxxing se relaciona con aumentar el rendimiento o desarrollo muscular; el sleepmaxxing intenta optimizar el descanso y el healthmaxxing reúne diferentes estrategias destinadas a mejorar la salud. No obstante, dentro de estos contenidos pueden mezclarse hábitos beneficiosos con prácticas innecesarias o potencialmente riesgosas.

Dormir adecuadamente, realizar actividad física, mantener una alimentación equilibrada y cuidar la salud mental son recomendaciones asociadas con un estilo de vida saludable. Sin embargo, cuando aparece la idea de que “mientras más extremo, mejor”, pueden surgir dietas demasiado restrictivas, entrenamientos excesivos, consumo de suplementos sin supervisión o métodos que prometen resultados rápidos.

Las rutinas de deportistas profesionales también se han convertido en referentes. El futbolista español Marcos Llorente, por ejemplo, ha compartido contenido relacionado con entrenamiento, alimentación y recuperación. Sin embargo, los especialistas advierten que una rutina diseñada para un atleta de élite no necesariamente es apropiada para una persona que no tiene las mismas exigencias físicas ni el acompañamiento de médicos, nutricionistas, preparadores físicos y fisioterapeutas.

Otro elemento de preocupación es la comparación constante en redes sociales. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025, que analizó 83 estudios con 55.440 participantes, encontró una asociación entre una mayor comparación social en redes y mayores preocupaciones relacionadas con la imagen corporal y síntomas vinculados con trastornos de la conducta alimentaria.

En este contexto también aparece la ortorexia, término utilizado para describir una preocupación excesiva por comer de manera considerada saludable. No significa simplemente llevar una buena alimentación, sino desarrollar reglas cada vez más rígidas que pueden provocar ansiedad, culpa o incluso aislamiento social. Entre las señales de alerta están sentir culpa intensa después de consumir alimentos considerados “no saludables”, eliminar cada vez más productos sin una razón médica, dedicar demasiado tiempo a planificar las comidas o evitar reuniones por temor a no poder controlar lo que se consume.

El maxxing y el healthmaxxing, por tanto, no son necesariamente perjudiciales. El riesgo aparece cuando el cuidado personal deja de ser equilibrado y se convierte en una obsesión. Una rutina viral tampoco garantiza que sea segura o adecuada para todos.

La recomendación es priorizar hábitos sostenibles, evitar copiar prácticas extremas difundidas en internet y buscar orientación profesional cuando una rutina, dieta o preocupación por el cuerpo comienza a afectar la vida cotidiana. El objetivo de cuidar la salud no debería ser hacerlo todo al máximo, sino encontrar un equilibrio que pueda mantenerse en el tiempo.