
Quienes deciden mudarse a otro país suelen hacerlo con la esperanza de encontrar una vida mejor o el lugar donde finalmente sentirse en casa. Sin embargo, cumplir ese objetivo no siempre significa haber encontrado todo lo que se proyectaba.
Esa fue la experiencia de una escritora de origen neerlandés, que pasó cinco años viviendo en México convencida de que había construido la vida de sus sueños. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendió que todavía existía un vacío que ningún lugar podía llenar por sí solo.
Al resumir su historia, expresó: “Pasé 5 años construyendo la vida de mis sueños en México, pero no pudo darme lo que más anhelaba”. En un artículo publicado por YourTango, explicó que esa experiencia le permitió entender que el bienestar no depende únicamente del país donde una persona vive, sino también de los cambios personales que se atraviesan con el paso del tiempo.
La protagonista contó que dejó los Países Bajos hace quince años y recorrió cerca de 50 países antes de establecerse en La Ventana, un pequeño pueblo de Baja California.
Allí encontró una comunidad que la recibió, descubrió su pasión por el kitesurf y construyó una vida sencilla. Compró un terreno, acondicionó una casa rodante y adoptó un estilo de vida más conectado con la naturaleza.
Durante la pandemia decidió quedarse en México y consolidó ese proyecto personal. Según relata, fueron años de crecimiento, tranquilidad y contacto con personas que compartían una filosofía de vida similar.
A pesar de haber alcanzado aquello que durante años había perseguido, comenzó a sentir que necesitaba iniciar una nueva etapa. Al principio creyó que se trataba de su costumbre de viajar constantemente, pero después entendió que estaba cambiando como persona.
Durante ese período dejó de consumir alcohol, incorporó prácticas como el yoga y la meditación y empezó a replantearse qué significaba realmente sentirse en casa.
Un robo sufrido en su casa rodante terminó de confirmar esa sensación. Aunque lamentó la pérdida, asegura que el episodio le hizo comprender que se estaba aferrando a una etapa que ya había cumplido su propósito.
Antes de marcharse, vendió su casa rodante y comenzó a preparar un nuevo destino. Según explica, esta vez no sintió que estuviera escapando de algo, sino avanzando hacia una etapa distinta de su vida.
Su principal aprendizaje fue comprender que ningún lugar puede resolver por sí solo las necesidades personales. Los paisajes, la comunidad o la calidad de vida pueden aportar bienestar, pero el crecimiento depende también de la disposición para cambiar cuando una etapa llega a su fin.
Por eso asegura que México le dejó mucho más que recuerdos. Allí encontró amistades, una forma diferente de vivir y un espacio para conocerse mejor. Sin embargo, también descubrió que aquello que más anhelaba no era quedarse para siempre en un mismo lugar, sino aprender a reconocer cuándo era el momento de seguir adelante y empezar de nuevo.
Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.





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