Nadie esperaba el frío. Después de dos días con el sol de Chicago pegando de frente y el calor del verano estadounidense como protagonista involuntario de cada show, el sábado amaneció con lluvia fuerte, temperatura varios grados por debajo de lo que había sido la semana y el predio del Lollapalooza que necesitaba tiempo para ponerse en condiciones.

La apertura de puertas se retrasó algunas horas mientras los equipos trabajaban contrarreloj para dejar el Grant Park listo. Pero nada de eso empañó la tercera jornada. Como suele pasar en este festival, el clima terminó siendo parte de la experiencia y no un obstáculo para ella.

El sábado es, en casi todas las ediciones de Lollapalooza, el día de mayor convocatoria. Con el mapa aprendido y la energía acumulada de los dos días anteriores, el público llegó dispuesto a todo.

Desde las primeras horas de la tarde los caminos del Grant Park volvieron a llenarse y los escenarios fueron ganando densidad mucho antes de los shows principales. También fue el día en el que el festival mostró con más claridad una de sus virtudes más difíciles de replicar: la convivencia natural de públicos completamente distintos.

El cierre del tercer día tuvo a Olivia Dean como una de las protagonistas.

The Neighbourhood: sorpresa, restricciones y todo lo que importa

The Neighbourhood fue la encargada de romper el hielo de la tarde. La banda de rock alternativo californiana convocó a una multitud en el escenario principal y, bajo una leve llovizna que todavía no terminaba de irse, Jesse Rutherford desplegó todo el carisma y el magnetismo que lo convirtieron en una figura de culto del rock contemporáneo.

Lo que el público no sabía -aunque las redes ya lo estaban contando- es que la banda había publicado horas antes que, por un problema logístico, gran parte de sus equipos no había llegado a tiempo para el festival. El show iba a ser diferente a lo que tenían preparado. Nada de eso se notó arriba del escenario. The Neighbourhood jugó, se divirtió y entregó exactamente lo que la gente estaba esperando.

Hay algo que dice mucho de un artista cuando puede adaptarse a las restricciones sin que el resultado sufra, o lo haga lo menos posible. Rutherford y su banda lo demostraron con naturalidad.

Lollapalooza Chicago 2026: el festival comenzó su tercer día entre la llovizna.

La pregunta que quedó flotando en el aire después de su show es la misma que se repite cada vez que un artista de este nivel pasa por Chicago: ¿vendrán a la Argentina para la edición del Hipódromo de San Isidro? Sería un gran logro de producción.

Ethel Cain y el espíritu original del festival

Mientras las primeras horas se desarrollaban, Ethel Cain hizo de las suyas en Lollapalooza y logró conectar de principio a fin con su público.

La cantante de indie rock repasó temas como American Teenager, Nettles, Willoughby’s Interlude, Dust Bowl, entre otros, y recuperó algo del espíritu con el que nació este festival: ser un espacio para la música alternativa, para los artistas que no encajan del todo en ninguna categoría, pero que encuentran en Lollapalooza el lugar exacto donde pertenecer.

La primera surcoreana en encabezar el lineup como solista

Después de varias horas de espera llegó lo que una parte importante del público anhelaba. Jennie Kim, integrante de BLACKPINK, se convirtió este sábado en la primera artista surcoreana en encabezar como solista el lineup de Lollapalooza Chicago. Un dato que dice mucho sobre el estado actual de la industria musical global y sobre el lugar que el K-pop ocupa hoy en los festivales más importantes del mundo.

La artista trajo toda su influencia, su moda, su baile y el ritmo del K-pop a uno de los escenarios más grandes del Grant Park. Una multitud la acompañó con fuerza.

La moda y los colores, un clásico en todas las ediciones de Lollapalooza.

Con ella se vio muy claro ese fenómeno particular que rodea a los artistas del género: fans que llegan organizados, coordinados, con carteles, y coreografías aprendidas de memoria, que convierten cada presentación en una celebración colectiva.

El sábado confirmó algo que ya venía diciéndose desde el jueves: este año, las mujeres y el pop dominan el lineup del verano norteamericano. ¿Sucederá lo mismo en nuestro país?

De 1.500 personas a una marea de gente

El gran momento de la noche llegó con el cierre. Olivia Dean, cantante y compositora británica que debutó en la escena musical en 2019 con su primer EP, Ok Love You Bye, subió al escenario principal cerca de las nueve de la noche y se encontró con algo que, visiblemente, no esperaba: una marea humana que la conocía, la quería y estaba ahí para ella.

Cuesta precisar en palabras el cariño que el público norteamericano le tiene a Olivia Dean. Deslumbró con su voz, con su carisma, con esa capacidad de atravesar a quien la escucha sin recurrir a ningún artificio. Pero el momento que definió la noche no fue musical sino sentimental.

“Ser headliner en Lollapalooza este año es simplemente una locura. Toqué en Chicago en 2024 y el año pasado hice mi primer concierto en solitario para unas 1.500 personas. Lloré todo el día porque me siento muy privilegiada. Muchas gracias por estar acá”, dijo desde el escenario, con la emoción a flor de piel.

El show que la cantante entregó luego de sus palabras fue puro disfrute. Vocales, guiños, banda perfectamente alineada, y un abrazo al cuerpo después de tantas horas de caminata, baile y salto.

En pocas palabras quedó resumida la velocidad con la que puede cambiar una carrera musical cuando el mercado norteamericano te adopta. De 1.500 personas a headliner de Lollapalooza Chicago en menos de un año. Olivia Dean cerró el sábado con lágrimas, gratitud y un Grant Park que le devolvió todo eso con la misma intensidad.

Una marea de gente vivió el tercer día de Lollapalooza Chicago a pesar del clima.

Rosa, amor y un broche final inesperado

Cuando el Grant Park parecía empezar a despedirse del sábado, llegó el turno de Trixie Mattel. La artista reconocida por haber participado en la séptima temporada de RuPaul’s Drag Race cerró la noche en uno de los escenarios de Lollapalooza con un DJ set que fue, en muchos sentidos, el contraste perfecto para todo lo que había pasado antes. Bailarines, una puesta completamente rosa y un mensaje claro de unión y amor como hilo conductor de cada minuto del show.

Trixie Mattel no fue solo un cierre de escenario: fue una declaración. En un festival que lleva décadas celebrando la diversidad musical, cerrar el sábado con una propuesta tan específica en su estética y tan universal en su mensaje dice algo sobre el Lollapalooza de hoy. El público que se quedó hasta el final lo entendió perfectamente y respondió con la misma energía con la que ella entró.

El tercer día de Lollapalooza Chicago empezó con lluvia y cerró todo color rosa. En el medio, hubo rock alternativo, indie, K-pop, lágrimas genuinas y un festival que volvió a demostrar que su mayor talento es hacer convivir mundos que en cualquier otro contexto no se cruzarían.

Y aún queda un día de fiesta.


Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.