-Yo sé dónde están los trece cuadros robados que faltan.
Es la mañana de un lunes de junio de 2026 y el excomisario general de la Policía Federal, Marcelo El Haibe, camina alrededor de una pequeña sala de paredes grises del Museo Nacional de Bellas Artes.
-Estoy seguro de que están en Taiwán.
Tiene 61 años y pelo blanco, traje, corbata, zapatos relucientes y una colección de diplomas que lo convirtieron en una rara avis dentro las fuerzas de seguridad: gestor cultural, diplomado en Patrimonio, posgraduado en Patrimonio y magíster en Patrimonio Artístico y Cultural. En la sala del Museo por donde camina cuelgan tres de los dieciséis cuadros más buscados de la historia argentina.
-Son los únicos que pudimos recuperar -dice, en la penumbra, y señala tres cuadros de la corriente del impresionismo francés que llevan marco dorado-. Los trajimos desde Francia.
Son “Retrato de mujer”, de Auguste Renoir; “El llamado”, de Paul Gauguin y “Recodo del camino”, de Paul Cézanne. Valuados en un millón de dólares cada uno, regresaron al país en 2005 con un operativo de escala internacional.
-Yo viajé detrás del juez que traía las obras sobre el regazo. No dormí en todo el vuelo.
Después de más de veinte años, El Haibe fue pasado a retiro por el gobierno de Javier Milei.
Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
Habían desaparecido durante el mayor robo de obras de arte en la Argentina. Ocurrió en la Navidad de 1980, plena dictadura militar. Cuatro ladrones ingresaron por el techo al Museo Nacional de Bellas Artes y se llevaron dieciséis pinturas y siete antigüedades de porcelana jade. Un botín valuado en veinte millones de dólares del que no se supo más nada hasta 2002. Ese año, la empresa inglesa Art Loss Register, dedicada a recuperar obras robadas, descubrió que tres de las dieciséis pinturas estaban en una galería de arte en Francia. Habían llegado hasta ahí a través de un coleccionista de origen taiwanés. La empresa se comunicó con el entonces director del Museo de Bellas Artes, Jorge Glusberg, pidiéndole una recompensa de cincuenta mil libras esterlinas por recuperarlas.
Ese año, Marcelo El Haibe, que hasta entonces había sido policía raso y no sabía nada de arte, asumía como Jefe de la División de Protección del Patrimonio Cultural de Interpol. La oficina había sido creada para “prevenir y luchar contra los hechos ilícitos vinculados al tráfico internacional de patrimonio cultural”. Su primera misión fue armar una base de datos de objetos de arte robados en Argentina. Envió notas a los museos pidiendo medidas y fotografías de las obras faltantes, pero Jorge Glusberg no le respondía ninguna.
-Lo fui a ver personalmente al museo y me enteré de que estaba negociando con la empresa inglesa por los tres cuadros robados. Lo estaba haciendo en secreto. Era muy espurio. Nadie sabía nada. Cuando trascendió, la secretaría de Cultura nos pidió tomar intervención desde Interpol.
La galería que se suponía tenía los cuadros se llamaba Darga y estaba ubicada en el corazón del barrio latino de París. Desde Argentina se pidió una orden de allanamiento a la policía francesa. Cuando abrieron el depósito, encontraron los tres cuadros apoyados contra una pared. Las pericias certificaron que eran las obras originales. Lo que siguió fueron dos años de litigio judicial entre Francia y Argentina, que culminaron con las tres pinturas volviendo al país en el regazo del juez Norberto Oyarbide, y con El Haibe custodiándolas en el asiento de atrás. En los siguientes veinte años, El Haibe estaría detrás de más de ochocientos casos de robo de arte en Argentina.
Funcionarios descubriendo una de las tres obras de arte recuperadas del Museo Nacional de Bellas Artes.
Foto: Gerardo Dell´Oro
Una noche en el museo
En el mundo se mueven entre tres y seis mil millones de dólares anuales por robo de cuadros, esculturas, estatuas, artículos religiosos, libros, muebles, monedas de valor patrimonial y saqueo de sitios arqueológicos y paleontológicos. Según la ONU, el tráfico de bienes culturales es uno de los mercados ilícitos más lucrativos junto con el tráfico de drogas y armas. En Argentina, más de cinco mil piezas de arte están perdidas y tienen pedido de secuestro en Interpol.
-En la Argentina hay mucho robo de estos bienes porque hay obras de arte de muy buena calidad. Llegaron al país a principios del siglo pasado, con el boom de la exportación de cereales, cuando había familias muy adineradas que viajaban a Europa a comprar cuadros que en ese momento eran accesibles. Iban y compraban un Monet, por ejemplo.
Marcelo El Haibe está sentado en el café del Teatro Colón. Frecuenta este lugar desde que asumió el gobierno de Javier Milei y, como parte de una reestructuración en la cúpula de la Policía Federal, lo pasaron a retiro junto a diecisiete comisarios generales de la Plana Mayor.
-Estoy cursando a distancia un Máster en Alta Dirección en Seguridad Internacional en una universidad de España. Me formo porque quiero seguir en funciones desde la política. Dentro de la policía, por ese afán mío de conocimiento, me veían casi como a un terrorista.
Desde que pasó a retiro, El Haibe es secretario de posgrado en el Instituto Universitario de Seguridad Marítima (IUSM) de la Prefectura Naval Argentina.
Foto: Guillermo Rodríguez Adami.
El Haibe decidió que sería policía a los once años. Una tarde, al salir de la escuela primaria en Devoto, vio a un hombre tendido en el piso, sangrando, y tres policías que se acercaban para auxiliarlo: un ladrón lo había golpeado para robarle la billetera. Los policías se subieron a un patrullero y arrancaron a toda velocidad para buscarlo. “Cuando sea grande quiero ser como ellos”, pensó. Cumplió su objetivo en 1984: comenzó a trabajar en la delegación San Martín como oficial de calle. En paralelo, estudió abogacía en la UBA.
En 1995 se postuló para ser asesor jurídico en Interpol, y entró. A la oficina llegaban todo el tiempo expedientes de “robo de bienes culturales”. Él no entendía bien qué era eso. Un día leyó un reporte que le llamó la atención: le habían robado un violín Stradivarius a una mujer que vivía en La Paternal. El Haibe empezó a investigar cómo funcionaban las redes de tráfico de objetos de arte. Entendió que en el Estado nadie se ocupaba del asunto. No encontró al ladrón del violín, pero propuso crear un sistema para contabilizar todos los casos: la primera base de datos pública de bienes culturales robados en Argentina. En los dos primeros años consiguió reportar 61 piezas de arte robadas, y al cabo de veinte años la base tiene más de 5.200. Entre las piezas hay un reloj de bolsillo valuado en 400 mil euros. Un objeto esmaltado en oro que data de 1820. Pertenecía a Manuel Belgrano y desapareció, en junio de 2007, de una vitrina del Museo Histórico Nacional.
-Todavía me queda la sangre en el ojo porque nunca encontramos ese reloj…
Como si fuera una constelación de estrellas que van apagándose de a poco, desde junio de 2007 y hasta febrero de 2008 una serie de joyas y reliquias del patrimonio histórico argentino fueron desapareciendo. En el Museo de Casa Rosada alguien sustrajo una lapicera y un reloj que habían pertenecido a expresidentes. En el Museo Etnográfico Juan Bautista Ambrosetti, seis placas de oro precolombinas. En el Museo Naval de Tigre, dos condecoraciones. En otros tres museos de la ciudad faltaron medallas y monedas. En el Museo Numismático del Banco Nación, una colección de más de quinientas monedas antiguas valuadas en setecientos mil dólares.
La noticia del robo del reloj de Begrano del Museo Histórico Nacional, en la sección Policiales de los diarios de la época.
Foto: Archivo Clarín
Durante meses, Marcelo El Haibe cotejó las cámaras de seguridad disponibles en cada uno de los robos, cruzó llamadas realizadas desde los museos, entrevistó a testigos que aseguraban haber visto a un hombre con un destornillador forzando las vitrinas, y finalmente allanó una vivienda. “Tirar esa puerta abajo fue como saltar en paracaídas. Una adrenalina positiva”, recuerda El Haibe. En la casa estaban los tres sospechosos principales de esos robos: Jorge, Nazareno y Ariel Baldo. Padre, hermano e hijo. Fueron sometidos a un proceso judicial que los condenó a penas de entre tres y ocho años de prisión por fundir los objetos y vender el oro y otros metales en el mercado negro.
-Eran ladrones comunes que se dieron cuenta de que violar la seguridad de los museos no era tan difícil y robaron en unos doce sitios con el mismo modus operandi.
-¿Es necesario saber de arte para investigar sobre objetos robados en museos?
-En casos de robos de arte, el conocimiento teórico es un diferencial que en algún momento se aplica. Conocer al autor de una pintura te permite saber si estás ante una obra cara o barata, por ejemplo. Si es barata, podés ir a buscarla al mercado de pulgas. Si es un Van Gogh, no vas a ir a buscarlo ahí.
En paralelo a su trabajo como comisario de Interpol, entre 2013 y 2019 El Haibe completó cuatro estudios de posgrado en gestión cultural y patrimonio artístico. Los hizo en instituciones como la Universidad Nacional Tres de Febrero, la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, la Fundación Ortega y Gasset y la UNESCO.
-¿Existe una metodología particular para investigar robos de obras de arte?
-Hay dos maneras. Cuando el hecho delictivo es reciente, podés levantar rastros, procesar las pistas e investigar, casi aplicando el método científico. Necesitás una hipótesis, objetivos, revalidarlos o refutarlos y empezar de nuevo hasta poder sacar conclusiones. Ahí tenés una chance de éxito mayor de encontrar las obras. Pero cuando pasaron muchos años de un robo, solamente podés empezar por el final. Es decir, porque alguien está revendiendo esas obras y entonces hacés el camino inverso y vas para atrás. Es lo que hicimos en el robo de las pinturas del Museo de Bellas Artes. Así llegamos a identificar hasta la identidad del coleccionista que había llevado el cuadro a la galería. Teníamos hasta su número de teléfono.
Imagen de los tres cuadros recuperados del Museo de Bellas Artes: “El llamado”, de Paul Gauguin, “Retrato de mujer”, de Auguste Renoir y “Recodo del camino”, de Paul Cézanne. Toma su teléfono celular y busca entre los mensajes el nombre del coleccionista. Lee su nombre: “Yeh Yeo Hwang”. Después explica que el conflicto diplomático entre Taiwán y China repercutió en la búsqueda del coleccionista: “Taiwán pretende ser un Estado independiente de China, pero solo es reconocida por doce países del mundo -dice-. Interpol no reconoce a Taiwán como nación independiente, entonces envía sus pedidos por obras robadas a China, y China las remite a la policía de Taiwán, y el gobierno de Taiwán no responde los pedidos, porque no se reconoce como parte de China”.
-Mientras trabajé en Interpol me junté muchas veces con gente de Taiwán por el tema, porque si de ahí salieron tres de las trece pinturas robadas, ¿cómo no van a estar las otras también? Estoy seguro de que están ahí. Las tiene el mismo coleccionista. Los diplomáticos que consulté me dijeron que iban a averiguar. “Buscamos y no hay nadie con ese nombre ni con ese número”, me dijeron en conversaciones, pero nunca respondieron nada por escrito. Yo no les creo.
Esto es un atraco
14 de noviembre de 2015. Un hombre entra a la galería de arte Rubbers, en Recoleta, donde hay una exposición de obras de Luis Felipe “Yuyo” Noé, uno de los máximos exponentes del arte plástico argentino, ganador de la Beca Guggenheim y del premio Konex de Brillante. El hombre dice que quiere comprar una pintura. Saca un arma, amordaza y ata las manos de los dos empleados de la galería. Se lleva cinco obras valuadas en cien mil dólares.
“Hago pública esta denuncia con las respectivas fotografías de las obras porque me cansé de esperar novedades de la investigación”, publicó Noé en su cuenta de Facebook cuarenta y cinco días después del robo. Al cabo de quince horas, su posteo ya había sido compartido más de mil veces. Marcelo El Haibe lo vio y se mordió el labio. Para ese momento, él ya había difundido la imagen de las obras en Interpol para evitar que salieran del país, había analizado las cámaras de seguridad del día del robo, había estudiado la trayectoria de una camioneta que estacionó en la puerta de la galería, tenía la dirección exacta donde se habían escondido las pinturas robadas.
-Pobre Yuyo, salía puteándonos por todos lados y nosotros ya teníamos identificado el domicilio de los ladrones. Teníamos que esperar a que se hiciera efectiva la orden de allanamiento, que se demoraba por cuestiones burocráticas -recuerda El Haibe-. El allanamiento se aprobó recién en enero. Por suerte, las obras todavía estaban ahí, preparadas para transportarlas en otra camioneta y ser vendidas, y pudimos recuperarlas. Eran ladrones que no conocían del tema. No sabían que es muy difícil vender obras de arte tan famosas. Vieron que la seguridad de la galería era flojita y lo hicieron.
La noticia de la restitución de las tres obras robadas del Museo Nacional de Bellas Artes durante la Dictadura.
Foto: Archivo Clarín
Dos años después, en la oficina de El Haibe resolvieron el caso opuesto: el de un hombre que sabía exactamente cómo esconder bienes culturales robados. Fue el 13 de junio de 2017. Una brigada de Interpol con él a la cabeza desembarcó en una casa en Beccar donde vivía un vendedor de antigüedades. Buscaban unas campanas chinas denunciadas en una lista roja de bienes robados. Habían sido identificadas unos días antes en la vidriera del negocio de antigüedades por unos policías de calle. Durante el allanamiento, las campanas no aparecían por ningún lado. Los policías estaban a punto de irse cuando uno de ellos observó un movimiento sospechoso en una biblioteca. Quitaron los libros de los estantes y descubrieron que detrás del mueble había una puerta.
-Fue como descubrir un tesoro -dice el Haibe en el café del teatro Colón-, había un salón muy amplio con un montón de cosas, algo increíble. Todavía tengo las fotos.
Chequea en su teléfono celular y va pasando las fotos de los objetos allanados. Una estatuilla de un soldado de la SS, un busto de Hitler, una escultura de un águila sobre un pedestal de mármol, pistolas, una daga, un instrumento para medir un cráneo con una esvástica estampada. Después de mostrar los objetos, se detiene en la foto de la conferencia de prensa que se hizo después del allanamiento: se lo ve sentado en una mesa larga junto a la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich. En total, encontraron setenta y cinco piezas: la mayor colección de elementos nazis descubierta en Argentina.
-Ese caso fue un ejemplo de cómo se clarificó el mercado de bienes culturales desde que se publicó la base de datos de objetos robados en Argentina -dice-. Desde 2020, cualquier ciudadano puede escanear una obra y saber si es robada a través de una aplicación de celular.
Cuenta que días antes de la entrevista, caminando por San Telmo lo sorprendió en la vidriera de una casa de antigüedades una pintura muy llamativa. Sacó su celular, abrió la aplicación “Interpol ID-Arte” -que contiene la base de datos de todas las obras robadas del mundo- y apuntó la cámara hacia el cuadro.
-Era un cuadro de mucha calidad y el autor era desconocido. Pensé que por ahí le habían cambiado el nombre para tapar el delito, pero lo escaneé y no tenía pedido de captura.
Los diarios señalaban al robo en el Bellas Artes como “el mayor golpe” al patrimonio cultural argentino.
Foto: Archivo Clarín
-¿Piensa retomar la investigación de las pinturas robadas en el Bellas Artes?
-Hace poco tomé un café con el agregado de Taiwán por este tema. Guardo en un papel los teléfonos del coleccionista. Viajaría a Taiwán a buscarlo, pero no puedo. Si vuelvo a funciones lo hago, pero ahora podría ser considerado espionaje.
Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.





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