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Dejar España para trabajar en el extranjero no siempre responde a un plan milimétrico. A veces, es más bien la suma de inquietudes, ganas de probar algo distinto y la sensación de que, en otro lugar, la rutina puede funcionar de otra manera. “Tenía muchas ganas de tener una experiencia en el extranjero, pero realmente fue un poco fortuito y el motivo no fue solo económico”, explica Laura Gutiérrez, enfermera española que lleva siete años trabajando en Noruega.
Laura trabajó durante un año como enfermera en España antes de dar el salto. Su idea inicial era vivir una experiencia fuera y el país nórdico le pareció la mejor opción. Aunque reconoce que las condiciones laborales influyeron en la decisión, insiste en que el motivo principal fue la búsqueda de un mayor equilibrio: “Poder trabajar con más tiempo para mi paciente, tener una vida personal que fuera más respetada y poder crecer a nivel profesional”, relata.
Desde la distancia, Noruega suele asociarse con altos salarios en comparación con España, pero asegura que “no todo se reduce a eso” y recuerda que “el bienestar en el día a día pesa mucho”. Gutiérrez reconoce que en Noruega los sueldos son más elevados que en España, pero también matiza que el coste de la vida es mucho más alto. “El sueldo depende de muchas cosas: de la antigüedad, del puesto que tengas, de la experiencia o de si trabajas por libre o con una empresa”, apunta. Sin embargo, en su caso, uno de los aspectos que más valora es que se respeta mucho “el descanso y la conciliación familiar, y eso hace que varias facetas de tu vida sean más llevaderas”.
Su llegada al país fue a través de una empresa que facilita el aprendizaje del idioma y la búsqueda de empleo. Aunque la mayor parte de su trayectoria la ha desarrollado por libre, cuenta que este tipo de empresas da unas condiciones muy óptimas para empezar en el mundo laboral. “Es una forma ideal para llegar a un país porque al principio, entre el idioma, que no conoces el sistema y el cambio cultural, estás muy perdido y esto viene muy bien”, añade.
Precisamente, uno de los requisitos para el personal sanitario es hablar noruego. Pese a que ella aterrizó en el país con el nivel básico de noruego, Laura señala que el idioma fue uno de los mayores retos a los que tuvo que hacer frente porque hay muchos dialectos y hay zonas en las que el acento es muy cerrado. “Al principio cuesta, pero es un trabajo personal de paciencia y de estudiar por tu cuenta”, añade.
En el plano profesional, señala que la principal diferencia respecto al sistema sanitario español es que la atención es más integral y la ratio por profesional es menor. “Eso te permite centrarte más en los pacientes, pero haces de todo, desde lo más básico hasta lo más avanzado”. Además, destaca que el ritmo de trabajo es más lento. “Depende de dónde trabajes y del tipo de servicio en el que estés, pero se respeta mucho que tengas menos pacientes para poder dar un cuidado más completo”, añade.
Actualmente, Laura trabaja en una residencia, pero también ha pasado por hospitales. Esta experiencia le ha permitido ver que el cuidado está muy centrado en la decisión del paciente. “Si el paciente no quiere que se le haga un tratamiento, se le respeta y no se le insiste. En todo momento, tiene la capacidad de decisión, y eso me chocaba mucho al principio”, cuenta.
Las diferencias entre el rol de una enfermera o enfermero en Noruega y en España son, a su juicio, uno de los aspectos más malinterpretados. “A veces se simplifica y se dice que la enfermera solo hace de auxiliar, pero no refleja bien la realidad porque el modelo de cuidados es más integral y está menos jerarquizado y significa que participas en todo el proceso del paciente”, afirma.
Para Laura, esto no resta valor a la profesión ni a las competencias que tienen que asumir, sino que permite tener “un enfoque más holístico del cuidado y puedes observar más al paciente”. Una de las cosas que más valora de este sistema es poder estar más tiempo en contacto con los pacientes porque “cuando trabajé en el hospital, llevaba como mucho a cuatro o cinco pacientes”, cuenta.
Más allá del trabajo, la experiencia ha supuesto una transformación personal. “Es un cambio de vida y eso supone descubrir partes de ti misma que no conocías y construir un nuevo yo en otro contexto cultural”. Gutiérrez confiesa que del estilo de vida noruego ha incorporado la calma. “Aquí el ritmo de vida es mucho más tranquilo y en general hay mucha calma y no escuchas bullicio en los sitios”. Esa tranquilidad le ha ayudado a “aprender a estar conmigo misma y a conocerme”.
En el lado opuesto está todo aquello que le falta de su vida en España. Además de la familia y los amigos, también ella destaca las alternativas de ocio. “Aquí la vida empieza muy pronto, pero también todo se cierra pronto. Y a veces echo de menos poder improvisar y saber que a las nueve de la noche va a estar abierto”, comenta.
Desde su llegada a Noruega, empezó a compartir su experiencia en redes sociales porque considera que es importante mostrar cómo es el día a día “con sus cosas buenas y sus cosas malas”. Y es que asegura que “no todo es diversión, cobrar mucho y realizarse, sino que todo requiere constancia y esfuerzo y requiere aguantar los baches de los días en los que sientes que estás saturado”.
A quienes se plantean dar el paso, les anima a intentarlo. “Es una muy buena experiencia porque salir de tu zona de confort siempre te abre la mente”, asegura. También recomienda tener mucha paciencia, abrir la mente y “que no se centren en criticar lo que es diferente, sino aprender para que les enriquezca”.
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Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.





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