
Gran parte de las personas que lean estas líneas, especialmente si superan los 40 años de edad, pueden presentar algún problema visual a causa del ambiente sociolaboral, según un estudio observacional en 1.080 trabajadores. Por su parte, el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas confirma que tan solo dos horas —de las ocho que dura una jornada laboral— son más que suficientes para que la vista empiece a notar los efectos negativos de las pantallas: ojos secos, dolores de cabeza, visión borrosa, picor de ojos, dificultad para dormir, entre otros. Este mismo estudio señala que, en los últimos cinco años, el uso de gafas ha aumentado del 50 al 62 %.
Javier Hurtado, oftalmólogo, explica a La Vanguardia que durante la jornada laboral puede aparecer el llamado síndrome visual informático, que no causa pérdida de visión, pero sí efectos como ojos cansados, secos, visión borrosa o dolor de cabeza si se usan mucho las pantallas. También, dice, es frecuente el ojo seco, que se nota en ambientes con corrientes de aire y suele agravarse al final del día, sobre todo entre las mujeres después de la menopausia y entre personas que usan lentes de contacto. A ello se le suma la vista cansada o presbicia, que dificulta el ver de cerca y es inevitable con la edad, sobre todo a partir de los 45 años.
Además del malestar individual, desde el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas advierten que estas molestias oculares pueden llevar a ralentizar el ritmo de trabajo y acabar afectando a la productividad de las empresas.
Muchas personas se acostumbran a hábitos, gestos y a un ambiente que, sin ser conscientes de ello, están dañando su visión. El oftalmólogo señala que es perjudicial no adaptar el puesto de trabajo: controlar la luz, la humedad, la posición de la pantalla y de la silla o el brillo de la pantalla, entre otros. También apunta que no descansar la vista de vez en cuando es otro de los errores más cometidos durante la jornada laboral. En este sentido, Hurtado aconseja parpadear más de lo normal y poner en práctica la regla del 20-20-20, que consiste en, cada veinte minutos, mirar a veinte metros durante, al menos, veinte segundos.
El especialista responde con un ejemplo cuando se le pregunta si el tipo de trabajo puede influir en los síntomas oculares. “Durante la etapa de crecimiento del ojo (menos de 18 años), el ojo crece más si los niños están todo el día mirando objetos cercanos. Esto significa más miopía y gafas de lejos. No se ha demostrado de forma tan clara en los adultos, pero sí vemos personas que empiezan a usar gafas después de estudiar una carrera o preparar una oposición. Ver objetos muy de cerca mucho tiempo aumenta la probabilidad de ser miope y usar gafas de lejos”. Así, explica que un trabajador que no necesite hacer esfuerzos visuales, que no tenga que mirar de cerca y que trabaje al aire libre, seguramente tendrá menos cansancio visual y tardará más en necesitar gafas de cerca y con menos graduación. “El notario usará las gafas de cerca todo el día y el agricultor solo para ver algunos documentos.”
Durante los descansos aparece otro hábito poco recomendable: dejar la pantalla del ordenador para mirar la del teléfono móvil. “No hace falta demonizar al móvil, pero es verdad que al ojo le viene bien descansar”. El especialista explica que, al mirar a lo lejos, el ojo sin dioptrías no tiene que hacer ningún esfuerzo para ver bien. Sin embargo, de cerca necesita enfocar. Para ello, dice, el ojo activa el músculo ciliar, pero este se fatiga cuando es esfuerzo se mantiene durante mucho tiempo.
Además, recuerda que es un error no proteger los ojos en profesiones como bomberos, policías, empleados del hogar, personas que manejen productos tóxicos o albañiles, por ejemplo, ya que corren más riesgo de dañarlos.
Consejos para mejorar la productividad, comodidad y bienestar en el trabajo, según Hurtado
El especialista apunta que las gafas de cerca deben utilizarse lo más tarde posible. “Si aumentando la luz, descansando de vez en cuando o alejándome del objeto consigo ver bien, no necesito usar las gafas. En cambio, si noto que no veo de cerca, que a media mañana tengo que descansar la vista y que por la noche no puedo leer bien, está claro que necesito usar las gafas”, explica. Además, apunta que estas gafas deberían ser con la menor graduación posible, aquella que le permita ver bien, porque, advierte, si al llegar a los 40 o 50 años uno empieza a utilizar gafas sin necesidad o sin controlar las dioptrías, los ojos se acostumbran a esa comodidad y dejan de esforzarse. Al final, “se trata de usar el sentido común”, concluye.
Información basada y extraída de www.clarin.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.




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