La falta de lluvias reduce la capacidad de generación eléctrica y aumenta la preocupación por la seguridad de las turbinas del complejo Paute Integral.
La disminución de los niveles de agua en los principales embalses hidroeléctricos de Ecuador vuelve a encender las alertas sobre el abastecimiento energético nacional. La falta de precipitaciones en la cuenca del río Paute mantiene bajo presión a las centrales del Austro, mientras el embalse de Mazar se aproxima a su nivel mínimo de operación.
Hasta el martes 20 de octubre de 2026, Mazar registró una cota de 2.121,57 metros sobre el nivel del mar, apenas 6,57 metros por encima de los 2.115 metros establecidos como referencia para adoptar medidas preventivas. Este escenario reduce el margen de maniobra de los operadores y obliga a extremar los controles sobre el funcionamiento de las centrales.
La preocupación no se limita a Mazar. Las hidroeléctricas Paute Molino y Sopladora también enfrentan restricciones por la disminución del recurso hídrico. De acuerdo con información publicada por Teleamazonas, el complejo Paute Integral, cuya capacidad instalada conjunta alcanza los 1.757 megavatios, registró una generación promedio de aproximadamente 330,2 megavatios el lunes 19 de octubre. Esta producción representó cerca del 18,8 % de su capacidad instalada.
Los niveles bajos y el riesgo para las turbinas
Uno de los principales interrogantes es si la reducción del agua puede ocasionar daños en los equipos de generación. Especialistas consultados por medios nacionales explican que alcanzar una cota mínima no significa necesariamente que las turbinas deban detenerse de inmediato. La operación depende de las condiciones hidráulicas y de los parámetros de seguridad establecidos para cada central.
Sin embargo, mantener las unidades en funcionamiento cuando existen condiciones desfavorables exige controles técnicos rigurosos. La presión del agua, las vibraciones y la presencia de sedimentos son factores que deben vigilarse para evitar afectaciones en los equipos.
El embalse de Amaluza, que abastece a Paute Molino, presenta una dificultad adicional por la acumulación histórica de sedimentos. Cuando el nivel del agua disminuye, la operación requiere mayor precaución para controlar el arrastre de materiales que podrían afectar las turbinas.
Los especialistas distinguen entre una reducción de la generación por falta de agua y una operación por debajo de los parámetros mínimos de seguridad. La primera responde a las limitaciones del recurso disponible; la segunda puede incrementar los riesgos para la infraestructura y requiere decisiones operativas específicas.
Un problema que afecta a todo el sistema eléctrico
El complejo Paute Integral funciona mediante el aprovechamiento sucesivo del agua en Mazar, Molino y Sopladora. Por ello, la disminución sostenida de los caudales puede repercutir en la producción de las tres centrales y reducir el aporte hidroeléctrico al sistema nacional.
Esta situación genera inquietud ante la posibilidad de que la demanda eléctrica no pueda cubrirse suficientemente con la generación disponible. La falta de lluvias, sumada a las restricciones operativas, obliga a vigilar de cerca la evolución de los embalses y los caudales que ingresan al sistema.
Aunque los niveles actuales no determinan por sí solos la ocurrencia de nuevos apagones, sí constituyen una señal de alerta para la planificación energética. La disponibilidad de generación térmica, las importaciones de electricidad y la evolución de las condiciones climáticas serán factores importantes para sostener el suministro.
En este contexto, la atención se concentra en las decisiones técnicas que permitan proteger la infraestructura sin comprometer innecesariamente el abastecimiento. La recuperación de los embalses dependerá, en buena medida, de que mejoren las lluvias en las zonas que alimentan a las principales centrales hidroeléctricas del país.
Fuente: Ecuavisa

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