A las siete de la mañana, cuando las calles de Sant Cugat del Vallès comienzan a despertarse, hay un pequeño local en el casco antiguo de la ciudad que ya ha puesto en marcha las máquinas y está arrancando la jornada. Joan Pros, pastelero y heladero, se pone manos a la masa desde primera hora para que, cuando toque levantar la persiana del negocio, el expositor de su heladería goce de la amplia variedad de sabores que ofrece. Tiene 77 años y lleva más de cuatro décadas regentando la emblemática heladería Joan Pros.

Joan Pros lleva 43 años dedicándose a hacer helados, pero él es pastelero de oficio y empezó desde muy joven “como aprendiz, cuando todavía no había escuelas”, explica en una entrevista en RAC1.cat.

“Yo soy pastelero de oficio y heladero por circunstancias determinadas”, detalla. Actualmente tiene dos tiendas, pero la primera y auténtica heladería abre puertas en 1983 en el número 25 de la calle Santa Maria, en medio del casco antiguo de Sant Cugat. Se compró toda la maquinaria necesaria y, con el tiempo, ha acabado convirtiéndose en un auténtico artesano del helado. Él se encargaba del obrador y su mujer, Montse, atendía a los clientes. En verano vienen principalmente helados, y en invierno, turrones.

Una realidad evidente en muchos municipios es que, sobre todo cuando el verano golpea la puerta, se abren nuevas heladerías. Prácticamente encuentras cada cuatro pasos y muchos de los sabores se repiten en todos los expositores.

“Ahora abren muchas heladerías, pero solo aguantan las que tienen un sistema dinámico o diferente”, apunta el heladero. Además, el cliente siempre busca hacer el capricho donde sabe que encontrará un buen producto, y el de Joan Pros tiene su propio secreto: “Materias primas que sean buenas, la dedicación que le pones y que sea un género que no tenga un largo plazo de fabricación y que no esté mucho tiempo almacenado en la nevera, sino que puedas venderlo fresco”.

Y en 43 años de trayectoria, en esta histórica heladería de Sant Cugat han podido hacer muchas variaciones. Hoy en día, tiene una cuarentena de sabores; algunos están todos los días y otros van rotando. Hay helados para todos los gustos, desde los más golosos hasta los más básicos. Hay clientes que se atreven a ir probando diferentes durante la temporada y otros que se mantienen fieles a un mismo sabor y lo piden incansablemente. Porque cuando una cosa es buena y la disfrutas de verdad, no te cansas de repetirla una y otra vez.

El helado de coco de Joan Pros también es un imprescindible y, de hecho, es uno de los gustos más pedidos entre la clientela: “Tengo un coco tierno de especialidad que solo lo hago yo. Me harto de venderlo y no falta ningún día”. Los sabores tradicionales nunca pasan de moda en una heladería, por mucho que las modas fuercen algunos cambios en el gremio. Ahora encontramos de Kinder u Oreo, de chocolate Dubai o de té matcha, entre otros muchos. Muchas heladerías acaban incorporando a su expositor estas propuestas. Pros reconoce que “antes no hacía pistacho” y ahora sí. Y hace mucho, porque se ha convertido en un sabor bastante solicitado. Ahora bien, remarca que estos gustos son los que “encarecen el producto” porque cada tarrina o cono se vende al mismo precio, sea pistacho o nata, pero el precio de hacerlo no es el mismo. “No puedes hacer que los de almendra, pistacho o Kinder sean más caros; lo que debemos hacer es subir un poco el precio del cono y la tarrina y el precio se repite”.

Y entre tantos sabores a elegir, Joan Pros confiesa un secreto: “Yo solo pruebo el de limón y basta. Y ahora más, porque siendo diabético tengo más carencias; no puedo probar mis helados”. Él no ha sido diabético toda su vida; relata que es una enfermedad que ha aparecido en los últimos años a raíz del ritmo de vida que tenemos: “No sabía que la diabetes podía causarle el estrés”.

“Lo que más me gusta de mi trabajo es que la gente se va contenta”, reconoce Joan Pros. Sus dos locales están ubicados en el casco antiguo de Sant Cugat, en una zona muy transitada durante todo el día y, más aún, los fines de semana. Mientras charlamos en la tienda de la calle Santa Maria, el lugar donde empezó todo, es una mañana entre semana y el goteo de personas que se acercan al mostrador y se marchan con un helado es constante. Sin embargo, el momento álgido de ventas es el sábado: “En un día bueno podemos llegar a vender 3.000 helados entre las dos tiendas”, revela.

Joan Pros tiene 77 años y, aunque está “oficialmente jubilado”, todavía no ha colgado el delantal. Se levanta cuando todavía está oscuro para, a las siete de la mañana, poner en marcha toda la maquinaria del obrador y empezar con la producción del día. Se detiene unas horas al mediodía, pero por la tarde vuelve al trabajo para seguir haciendo helados, horchata, pasteles y granizados, estos imprescindibles que nos ayudan a pasar mejor los calores del verano. Sigue al frente de las heladerías porque le gusta lo que hace y, reconoce, porque le ayuda a mantener “las neuronas activas”. Eso sí, cuando termina la jornada laboral, se permite dejar el trabajo fuera de casa y disfrutar de los ratos libres.

Este 2026 son 43 años de Joan Pros en Sant Cugat. Difícilmente un santcugatense no reconocerá la mítica figura de cono de helado que hay en la puerta del local de la calle Santa Maria o los inconfundibles colores de la marca, el verde y el naranja. Sobre el futuro de las heladerías Joan Pros, su fundador tiene algo claro, y es que nada está garantizado. Su hijo trabaja con él y eso hace pensar que “el relevo generacional está bastante asegurado”.

Ahora bien, Joan Pros es consciente de que “las ideas y las prioridades” de su hijo son distintas a las suyas y que, en algún momento, “le puede tomar un arrebato” y decidir que quiere tomar un camino que avanza hacia otro lado. Sea cual sea el futuro, el presente está vivo y la dedicación y pasión de Joan Pros por seguir haciendo helados artesanos sigue intacta.

Este artículo fue publicado originalmente en RAC1 porn Clara Bardají Aguilera


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