Aplaudir por la película aunque el director de cine brille por su ausencia es algo muy argentino, no creo que en Cuba alguien aplauda una película checa mientras el director está en Praga comiéndose un sándwich típico del país.

Aquí también se aplaude a los pilotos, tal vez por eso los pilotos de aerolínea se esfuerzan por ponernos en tierra de la manera más suave posible aunque sea en lugares como Ushuaia donde el viento sopla tanto que el avión se bambolea de una manera frenética.

Esas son bellas costumbres argentinas, al igual que sus mozos, agradables la mayoría, que si les gusta algo que usas te lo dicen. Me gusta tu gorra, tu bufanda o tu abrigo, dicen y a uno le dan ganas de darle propina.

Son muy decentes los mozos de los Cafés argentinos, nunca te dicen: me gusta tu mujer, eso sí que no, en Cuba puede pasar porque en Cuba solemos vivir a mil.

Aquí la gente es más medida, siempre que no se trate de fútbol, por supuesto, cuando se trata de ese asunto en particular, Argentina deja de ser un lugar inteligible, se vuelve una nación que roza lo mutante.

Todo un país en función de que su equipo conformado por once gane una competencia que se hace cada cuatro años. Es difícil pero el argentino cree en lo imposible y casi siempre está a punto de funcionar.

Porque aunque los incrédulos no lo crean, el mundo tiene un componente mágico muy fuerte, y cuando uno alienta aunque sea de lejos, en su departamento, esos efluvios llegan hasta el lejano país donde se efectúa el mundial.

Lo hemos comprobado, las cábalas funcionan o casi funcionan. A veces se quedan a medias pero el milagro estuvo a punto de suceder.

Ay, Scaloneta, si no existieras habría que inventarte piensa más de uno porque la selección nacional es una máquina de proporcionar alegrías y mientras dura la fiesta mundialista, las diferentes argentinas: la blanca, la marrón, la emigrante y la migrante, siente que es una sola.

No hay diferencias hasta que el mundial acaba y volvemos a ser un país normal, el hermoso país que aplaude a los pilotos, a las películas sin el director, el guionista o los actores presentes, y que se pone de pie y aplaude hasta que le duelen las manos ante obras de teatro que no son la gran cosa, pero que también (como toda nación) tiene sus falencias, y una de ellas es creerse a sí mismo que aquí no hay discriminación racial cuando todos sabemos que a la gente del norte, más oscuros que el resto, le preguntamos de dónde son, de Bolivia o del Perú.

En apariencia no hay nada malo en eso, Bolivia y Perú son dos países respetados y con mucho que ofertar, pero esas preguntas significan que todavía a una parte de la sociedad le cuesta aceptar lo diferente que puede ser un argentino de otro sin dejar de ser de aquí.

A mí suelen preguntarme si soy brasileño. ¿Honestamente? Me encanta que me lo pregunten porque ser de Latinoamérica es una felicidad, y no lo hacen de mala onda, Brasil es un lugar amado por muchos argentinos.

Este es un país hermoso como no lo es ninguno en este mundo, ojalá que lo bello siga prosperando y lo feo se vaya o disminuya hasta desaparecer por completo.


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