Cuatro olas de calor en lo que llevamos de verano. El calor desmedido y continuo se ha convertido en el enemigo invisible del siglo XXI como destaca en este artículo para EFE Salud el doctor Juan José Zapata Yébenes: «Las olas de calor son la manifestación más directa, palpable y letal de la emergencia climática».

Además, resalta que el calor más peligroso es el que se sufre en las zonas de costa, con el efecto bochorno, porque el sudor no se puede evaporar y el cuerpo pierde la capacidad física de autorregularse y se sobrecalienta.

Juan José Zapata Yébenes es presidente del Comité de Aerobiología Clínica y miembro del grupo de trabajo Medio Ambiente, Contaminación y Cambio Climático de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

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Doctor Juan José Zapata Yébenes, presidente del Comité de Aerobiología Clínica de la SEAIC. Foto cedida

Este es el artículo del médico, también miembro de la Sociedad Latinoamericana de Alergia, Asma e Inmunología y de la Sociedad de Historia de la Medicina.

El enemigo invisible del siglo XXI: olas de calor y emergencia climática

Los veranos de nuestra infancia han dejado de existir. Lo que antes eran episodios aislados de bochorno o días contados de «un calor espantoso», se han transformado en la actualidad en bloques compactos de temperaturas extremas que abarcan de junio a septiembre.

Las olas de calor ya no son meras anécdotas meteorológicas; son la manifestación más directa, palpable y letal de la emergencia climática en nuestro día a día.

Detrás de cada récord en el termómetro se esconde un desafío mayúsculo para la salud pública, la economía y nuestra propia biología como especie.

La Revolución Industrial y el nuevo motor del clima

Para entender la gravedad del escenario actual, basta con mirar la historia de nuestro planeta. En los últimos 50.000 años, la Tierra experimentó cambios climáticos brutales —como el Último Máximo Glacial o el reverdecimiento del Sáhara—, pero todos ellos estuvieron guiados por lentísimos ciclos orbitales, la actividad volcánica o variaciones solares. Eran procesos que tardaban milenios en consolidarse.

La Revolución Industrial rompió las reglas del juego. Al comenzar la quema masiva de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), el ser humano inyectó en la atmósfera toneladas de dióxido de carbono (CO2), elevando la concentración de las 280 partes por millón (ppm) de la era preindustrial a las más de 425 ppm actuales.

El resultado es un calentamiento global acelerado a una velocidad sin precedentes en el registro geológico reciente. El planeta ya se ha calentado cerca de +1.5ºC, provocando que las olas de calor no solo sean más frecuentes, sino mucho más largas, intensas y peligrosas.

El peligro silencioso: La humedad y el límite biológico

Existe el mito de que el calor solo mata en el desierto o en las regiones del interior donde el termómetro roza los 45º C. La ciencia médica y los datos epidemiológicos demuestran todo lo contrario: el calor más peligroso es el que se sufre en las zonas de costa.

El cuerpo humano se enfría mediante la evaporación del sudor. Sin embargo, cuando la temperatura ambiental es alta y se combina con la humedad del mar (lo que genera el llamado «efecto bochorno»), el aire se satura de agua. El sudor no se puede evaporar y el cuerpo pierde la capacidad física de autorregularse y se sobrecalienta.

Sistemas de monitorización como el MoMo (del Instituto de Salud Carlos III en España) revelan que la mortalidad se dispara silenciosamente durante las olas de calor húmedas.

El calor extremo actúa como un desencadenante oculto que descompensa la salud de personas con patologías previas, provocando fallos cardíacos, renales o respiratorios que rara vez se registran en los hospitales como «golpes de calor«, pero que son causados directamente por el estrés térmico.

Guía de supervivencia: recomendaciones ante el calor extremo

La adaptación de nuestra sociedad a esta nueva realidad climática requiere un cambio de hábitos radical. Las pautas de protección varían según el perfil de la población:

Para la población general:

Incluso las personas jóvenes y sanas deben respetar los límites de su organismo cuando el termómetro se dispara:

Hidratación proactiva: Beber agua frecuentemente (al menos 2 litros diarios) sin esperar a tener la sensación de sed. Evitar el alcohol y las bebidas azucaradas o con cafeína, ya que aceleran la deshidratación.
Refugio en el hogar: Mantener las persianas bajadas y las ventanas cerradas durante las horas en que el sol incide directamente sobre la fachada. Ventilar la vivienda únicamente por la noche o a primera hora de la mañana.
Modificación de horarios: Evitar el deporte y las actividades físicas intensas al aire libre en la franja crítica de 12:00 a 18:00 horas.
Alimentación ligera: Priorizar platos fríos, ensaladas, frutas (como el melón o la sandía) y verduras que ayuden a reponer líquidos y sales minerales sin saturar el sistema digestivo.

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La hidratación es vital para depurar el organismo y mantener una buena salud renal. EFE/ Eliseo Trigo

Para la población vulnerable

Mayores de 65-70 años, bebés, embarazadas y enfermos crónicos. España cuenta con más de 7 millones de personas mayores de 70 años, el grupo que concentra el 90 % de la sobremortalidad por calor. Su protección requiere una atención comunitaria especial:

Vigilancia activa: Las personas de edad avanzada pierden con frecuencia el mecanismo de la sed. Los familiares y cuidadores deben ofrecerles agua constantemente a lo largo del día.
Atención a los medicamentos: Fármacos habituales para la tensión arterial o diuréticos pueden alterar la respuesta del cuerpo al calor. Es fundamental consultar al médico ante una ola de calor prolongada.
Buscar el frescor artificial: Si el interior de la vivienda supera los 32ªC, los ventiladores convencionales dejan de enfriar y solo mueven aire caliente, aumentando el riesgo de deshidratación. Se recomienda que las personas vulnerables pasen al menos 2 o 3 horas al día en espacios climatizados (bibliotecas, centros comerciales o refugios climáticos).
El peligro del coche: Jamás se debe dejar a nadie (tampoco a las mascotas) dentro de un vehículo estacionado. El habitáculo funciona como un horno y la temperatura puede duplicarse en cuestión de minutos.

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EFE/ Marcos Villaoslada

Un desafío comunitario

La emergencia climática ya no es una predicción de futuro para finales de siglo; es una realidad que condiciona nuestros veranos actuales. Mitigar sus efectos requiere reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global, pero proteger las vidas en el presente depende de la responsabilidad individual y de la cohesión social.

Durante los días de calor extremo, una simple llamada de teléfono o una visita diaria a ese vecino o familiar anciano que vive solo es la herramienta más humana y eficaz que tenemos para ganarle la batalla al termómetro.


Información basada y extraída de efesalud.com. Puedes leer la noticia completa en el Link Original de La Noticia.